Historias, relatos y otras yerbas, de un campo de antaño II.


Historias, relatos y otras yerbas, de un campo de antaño II. Emiliano Tagle. Buenos Aires, Editorial Dunken, 2024. 198 págs. Encuadernación de editor.


En este nuevo libro, fresca todavía la tinta del anterior, Emiliano Tagle nos ofrece más imágenes o estampas vinculadas al mundo rural, eslabones de una cadena invisible que ni el tiempo ni la lejanía han logrado desvanecer.

 

A medida que van pasando las hojas, con lenguaje sobrio, sin estridencias ni artificios, sin desdeñar nada ni temor a afrontar lo dudoso, el autor saca a la luz del día un mundo de hombres y cosas que al conjuro de su evocación reviven o recuperan su luz, y cruzan como fantasmas del pasado ante nuestra mirada.

 

En definitiva, se trata de piezas y detalles que permiten la reconstrucción de un entramado social, económico, político y cultural vinculado a la memoria colectiva, como construcción histórica y actual a la vez, del mundo rural.

 

Los temas abordados son múltiples: la presencia del léxico rural en los regionalismos y vocabulario criollo empleado por Hugo Wast en sus novelas, la paremiología [«Paisano que monta yegua no merece crédito»], las antiguas y desaparecidas profesiones y actividades [el rastreador, el chasque, el boleador, el lenguaraz, las mensajerías], el folklore y las narraciones  históricas, los escritores [Ada Elflein, Silverio Manco, Carlos Raúl Risso, Emilio Coni, Tomás Grigera, Nicolás Granada], los personajes del pasado lejano o cercano [Ambrosio Crámer, Julián González Salomón, Wilfredo Latham, Roberto Uballes, Santiago Rocca93, los artesanos [Cirilo Wagner creador de la marca El Tero, los boteros Sardini, Pablo Cataldi, la talabartería La Rodada, Daniel Escasany], el caballo [el pangaré de Calfiao, los caballos argentinos en la guerra anglo bóer, el raid de Lunarejo Cardal a Mendoza en 1925], las actividades rurales –conocidas pero olvidadas, o desconocidas, como la desplumada–  sin que falten lugares [la hacienda de Figueroa en San Antonio de Areco], fenómenos naturales [la temida tormenta de Santa Rosa] ni estampas relativas a la música [cómo nació la zamba «Paisajes de Catamarca»] y el bandolerismo rural [la sentencia por el saqueo a la estancia de Albín en 1801].

 

Destaco especialmente de este temario lo relativo a los estudios folklóricos vinculados con la famosa encuesta de 1921 a que alude el autor, porque resalta la importancia de la escuela rural. Ello nos remite a la olvidada figura del Dr. Manuel Láinez, senador nacional por la provincia de Buenos Aires que logró la sanción de la ley N° 4874 de 1905, que lleva su apellido, por la cual en todas las provincias fueron creadas escuelas de campo para la educación primaria, de carácter nacional y dependientes del Consejo Nacional de Educación. Muchas de ellas fueron ranchos de paredes de quincha, piso de tierra y techo de paja. Sus maestros recibieron en 1921 la misión oficial de realizar una encuesta destinada a reunir los materiales dispersos del folklore nacional. Esforzados y modestos docentes que recogieron la poesía popular, la música, las tradiciones y todo aquello que fuera importante y antiguo sin omitir el presente de aquel tiempo. De ese riquísimo material reunido surgieron muy importantes obras, y un libro fundamental de Olga Fernández Latour: los Cantares Históricos de la Tradición Argentina, volumen publicado en 1960 por el Instituto Nacional de Investigaciones Folklóricas.

 

En cuanto al método de trabajo seguido, elegido un tema, Emiliano Tagle lo aborda desde las perspectivas posibles, siempre alerta y dispuesto a investigar. Al afrontar lo dudoso no elude la dificultad, sino que procede como quien sale a correr los novillos ariscos que disparan del rodeo.

 

Respecto de las fuentes, todo es útil a su propósito, desde el material de primera agua ([el documento original] a diarios, revistas, folletos, fotografías, papeles de intrínseca conexión con tal o cual acontecimiento, siempre con el apoyo bibliográfico pertinente y, llegado el caso, con la entrevista personal.

 

Las ilustraciones, intercaladas en el texto, tomadas generalmente de avisos comerciales aparecidos en publicaciones periódicas son un complemento dotado de autenticidad de época.

 

Cabe agregar que el autor no ha desdeñado a nuestros autores clásicos, que muchos citan pero pocos leen. Vale la pena recordar que Unamuno tenía gran admiración por los cuadros del Facundo y del Martín Fierro, y Valle Inclán leía con avidez los libros que mejor reflejaban las antiguas costumbres argentinas. La literatura y poesía gauchesca, no del gaucho sino sobre el gaucho, pero con conocimiento sobre él, produjo, según Marcelino Menéndez Pelayo, «las obras más originales de la literatura americana».

 

En definitiva, lo criollo salpica las páginas de este libro con un colorido original y pintoresco. Es destacable también la sencillez del lenguaje empleado, que ofrece un texto accesible para el lector que no sabe diferenciar un novillo de una vaca ni un bragado de un yaguané.

 

Lo recogido en búsquedas incesantes en archivos, bibliotecas y hemerotecas, y lo personalmente constatado, sin desdeñar el mundo no oficial del saber popular, es lo que el lector encontrará en las páginas de este libro, en las que Emiliano Tagle sopla en las brasas aún no extinguidas de viejos fogones para traer al presente hombres y cosas que pasaron.


Por Guillermo Palombo 



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