El Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, en Maldonado, Uruguay.

Vista nocturna del MACA en su noche inaugural. Fotografía gentileza MACA. Fotógrafos: Lorena Larriestra y Nicolás Vidal.

Esculturas de Pablo Atchugarry, obras de la primera época. Fotografía: Leonel García.

Librería y biblioteca, para profundizar las emociones. Los libros y catálogos acompañan las obras exhibidas en su design store. Fotografía: Leonel García.

La singular arquitectura se dibuja en el horizonte y le da personalidad al proyecto. El MACA ya es un atractivo que trasciende fronteras. Fotografía gentileza MACA. Fotógrafos: Lorena Larriestra y Nicolás Vidal.

La Piedad, de Pablo Atchugarry, en la Capilla. Fotografía: Leonel García.

Leonel García

(Montevideo, 1976)


Licenciado en Comunicación Periodística por la Universidad ORT. Periodista desde hace más de dos décadas, escritor y docente, fue distinguido en su país con el Premio Morosoli al Periodismo Escrito en 2016. Con experiencia en distintos medios, tanto de la prensa escrita como radial u online, autor y coautor de distintos libros, actualmente escribe en el semanario Búsqueda y la revista Galería en su país. Tiene una hija a la que le encantan las artes plásticas.

El arca de los sueños.


Siempre se ha dicho, quizá más con el orgullo del lugareño que con una mirada turística y empresarial, que Punta del Este en invierno, vacía y reluciente, es más hermosa aún que en verano. Lo mismo podría decirse del recién nacido Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), inaugurado el 8 de enero de 2022, distante diez, veinte y treinta minutos en auto de las playas más afamadas de Uruguay, y recientemente distinguido por la Condé Nast Traveller, una publicación especializada en turismo de lujo y lifestyle, como uno de los mejores museos nuevos del planeta. Dos jóvenes canadienses, extasiados con La Piedad de Pablo Atchugarry, escultor, dueño de casa, ideólogo del lugar y posiblemente el artista uruguayo más universal en este tiempo, tienen la maravillosa sensación de tener todo el lugar para ellos, un luminoso viernes de mayo. No parecen creerlo: está La Piedad en la Capilla que le aporta el tono sacro al Parque de Esculturas, cuarenta hectáreas verdes salpicadas de eucaliptos, bucólico entorno del MACA.


Y está el MACA, con sus 5.000 metros cuadrados edificados por el arquitecto Carlos Ott, las mismas manos uruguayas que trazaron la Ópera de la Bastilla de París. Reina la madera, todavía fragante. La madera curva le da al edificio, que en su punto más alto llega a los 16 metros de altura, la forma de un arca gigante o un esqueleto de ballena. Cualquiera de las dos comparaciones, muy queridas para Maldonado, departamento uruguayo en que se erige, encaja perfecto. Ninguna de las estructuras de madera es igual a otra, todas ellas fueron enviadas a Francia para ser tratadas. Y está la luz. El horario de otoño es de 10 a 18 horas, todos los días con la excepción de los martes; solo en los momentos finales es necesario prender la luz en la sala principal multipropósito, la primera de las cuatro que componen el MACA.


En estos días de letargo otoñal, el MACA recibe a unas 600 personas por fin de semana. Durante la Semana Santa, que en Uruguay lleva por nombre oficial Semana de Turismo, vinieron 2.000 visitantes por día, atraídos por el arte, la increíble belleza del lugar, la entrada gratuita y la cercanía. Estar en el kilómetro 4,5 de la ruta 104 es estar a 18 minutos en auto de la ciudad de San Carlos y a diez de La Barra de Maldonado. El día de su inauguración el lugar recibió a 6.000 pioneros. Estaban el presidente Luis Lacalle Pou y los expresidentes Julio María Sanguinetti y José Mujica, tan distintos entre ellos y tan hermanados por el momento. Estaba Toquinho, quien ofreció un recital, y estaba el Ballet Nacional del Sodre, ahora dirigido por la consagrada María Noel Riccetto, que brindó una actuación. Estaban las exposiciones inaugurales de Christo & Jeanne-Claude, un búlgaro y una marroquí que se han convertido en cumbres del arte contemporáneo, se conocieron en París y se amaron hasta que ella abandonó este mundo, en 2009. Estaba la obra del argentino León Ferrari. Estaba - y está - el acervo permanente de Pablo Atchugarry, consistente en más de un centenar de obras de artistas latinoamericanos, angloamericanos y europeos.  


Plena alegría, en la tarde inaugural. Pablo Atchugarry, sonriente, comparte emociones. gentileza MACA. Fotógrafos: Lorena  Larriestra y Nicolás Vidal.



Atchugarry –que vive en Italia la mitad del año- ha definido reiteradas veces al MACA –donde ya estaban su taller y la fundación que lleva su nombre- como un “contenedor de sueños”. Su sueño comenzó casi como una cruzada familiar en 2018; su idea es posicionar a Uruguay en la ruta mundial del turismo cultural a la vez que ser trampolín para artistas más jóvenes. De las cuatro salas del Museo, dos expondrán el acervo permanente, recopilado a lo largo de dos décadas. Soñando la paz, la obra que el propio artista llevó a la Bienal de Venecia de 2003 para que representara a Uruguay, un grupo escultórico de cinco elementos en mármol de Carrara y Bardiglio, da la bienvenida a la Sala 1, la multipropósito, la que lleva por nombre “Kuky, Sergio Gorsskopf y Familia”. En esta y en la Sala 3, “Alejandro Guillermo Roemmers”, está la colección del lugar. Esta incluye obras tempranas del dueño de casa, con cemento y metal, justo él tan asociado al mármol de Carrara. Por supuesto que está la primera creación suya con este material: La Lumiere, de 1979.


Lo hermoso de esta sala es el diálogo entre los materiales, los países y las sensibilidades: Mariano Rodríguez, Wifredo Lam, Jesús Rafael Soto, Salustiano Pintos, Roberto Matta, Ignacio Iturria, Frank Stella; Uruguay, Argentina, Cuba, Estados Unidos, Chile, Brasil; piedras, madera tallada, acrílico, óleo sobre tela, acero y fibra de vidrio, mármol. De mármol es Madre Cava, la mayor obra de Gonzalo Fonseca, uno de los discípulos de Joaquín Torres García que adquirió su propio nombre y vuelo.


La obra de Verónica Vázquez en la sala 2 del MACA. Fotografía: Leonel García.



La Sala 2 (“Soledad García Lagos de Vivo”) tiene como protagonista en estos meses a la obra de la uruguaya Verónica Vázquez. Nacida en 1970, su trabajo en materiales como hierro oxidado, chapa y acero, hilo o cuerdas, utilizando y reutilizando su materia prima, ya ha obtenido la suficiente atención como para merecer un espacio destacado. Y en la Sala 4 expone Martín Pelenur (Uruguay, 1977), que maneja varias técnicas en la pintura, como el barniz, el aguarrás y el acrílico, apelando también a la geometría.


Las salas, así como algunas butacas del pequeño cine y espacio multifunción, y algunas sillas de la cafetería llevan el nombre de amigos de Atchugarry y del MACA. Completa el Museo, el arca, la nave nodriza, una design store para comprar o leer publicaciones de arte o de los artistas.


A esa arca le falta la proa. Los obreros ultiman los detalles con la pretensión de que esté todo pronto promediando el invierno. Su trabajo es el único vestigio que perturba el sonido del silencio. Aguzando un poco el oído, en la cercana lejanía, se alcanza a escuchar el mar.


Casi a los cuatro meses exactos de haber sido inaugurado, la Condé Nast Traveller lo incluyó en mayo en una lista de los ocho mejores nuevos museos del mundo, siendo el único de América Latina. La revista definió como una de las “aperturas culturales más comentadas” en esa región. “Como una oda al paisaje, la estructura ondulada descansa sobre vigas inclinadas hechas de troncos de eucalipto local que fueron moldeados a medida en Francia. En el perímetro hay esculturas abstractas de mármol talladas por Pablo Atchugarry, el artista uruguayo que fue el autor intelectual de todo el proyecto”, indicó la prestigiosa publicación.


Esta distinción posiciona al Museo y al país en un lugar inédito para el circuito cultural. Un mimo al alma, coinciden –palabras más o menos- quienes están poniendo la cara y la sonrisa a los pocos privilegiados de la temporada baja. El contenedor de sueños ya está cumpliendo su cometido.  


* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios.


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