La colección de Juan G. Maguire





En plena construcción de la actual residencia Maguire, en 2002 declarada Monumento Histórico Nacional. 


Guillermo Palombo

 

Miembro Emérito del Instituto Argentino de Historia Militar, integrante del Grupo de Trabajo de Historia Militar de la Academia Nacional de la Historia, Académico Correspondiente de la Academia Sanmartiniana y del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, ex presidente del Instituto de Estudios Iberoamericanos.

 

Su producción impresa sobre diversas disciplinas (libros, folletos, capítulos en obras colectivas, artículos en revistas especializadas y diarios) supera los 300 títulos. Acaba de presentar Uniformes del Ejército Argentino (Lilium Ediciones, Buenos Aires, 2023), un estudio de consulta ineludible sobre el tema. LEER MÁS


Por Guillermo Palombo *

El hombre

 

Juan Gualterio Maguire nació en Buenos Aires el 13 de julio de 1906. Fueron sus padres Eduardo Pedro Maguire Gaynor y Catalina Murray Fox. Contrajo matrimonio el 4 de mayo de 1940 con María Susana Duhau Noceti. Falleció el 1° de diciembre de 1981 a los 75 años. Hacendado, le sucedió su hija María Susana del Valle Catalina Ana Maguire, casada con Carlos Alfonso Biocca Iavicoli.

 

El estudioso

 

No fue Maguire un simple o mero acaparador de antigüedades, de los que se limitan a reunir piezas para exhibirlas en sus vitrinas, sino un verdadero estudioso, con un fino criterio de selección. Por ello, el 16 de julio de 1937 se incorporó al Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, entidad agrupante de los más destacados coleccionistas de aquel tiempo.

 

Volcó su interés y hallazgos en sendos libros publicados a edad ya avanzada.

 

El primero de ellos fue Loncagüe, que apareció en 1967. Ese título rememora el nombre de una laguna en el partido de Nueve de Julio, al oeste de la provincia de Buenos Aires, donde la sociedad que el padre de Maguire formó con James Gaynor arrendó al gobierno y luego, en 1865 compró unas 16.000 hectáreas de campo. El contenido literario y folklórico de la primera parte del libro es obra personal del autor y la segunda fue redactada por el profesor Héctor Greslebin (1893-1971), conocido arquitecto y arqueólogo.

 

La primera parte, ocupa las iniciales 134 páginas, de carácter histórico-literarias, en las cuales bajo el común título «La Pampa, costumbres, leyendas» se agrupan los siguientes capítulos: «Loncagüe»; «Motín en Loncagüé»; «El Pañuelo»; «La cautiva de la Picaza»; «Nahuel Payun» («Parlamento», «La invasión», «La vuelta del malón»); «Panorama de la Pampa en el pasado» («Los primeros domadores en el Río de la Plata», «Recogidas y volteadas», «Los  pioneros», «El estanciero»); «La gineta y la brida». El volumen concluye con un «Epistolario», a modo de apéndice documental, un «Glosario», y la «Bibliografía».

 

En la segunda parte (págs. 173-251), titulada «La Platería Araucana -Pampa. Estudio e ilustraciones a través de la Colección Maguire por el profesor H. Greslebin» tras un Prólogo se analiza «El estilo de la llanura. La platería Araucana y Pampa», con referencias a «Los estribos», «Las espuelas», «La cabezada y las riendas», «La rastra», «El freno», «El fiador, el bozal y el cabestro», «Los mates», y «Los cuchillos». Todo ello teniendo presente las piezas reunidas por Maguire.

 

El volumen, de 30 x 23 cm., consta de 251­­ + [2] páginas, está ilustrado con 41 láminas (numeradas I a XXXIX), con vistas fotográficas de espuelas, estribos, maneas, cabezadas, dos desplegables, 12 facsímiles de importantes piezas epistolares y numerosas figuras en el texto. La tapa fue ilustrada con un dibujo de Rugendas [1]. Estamos ante el primer libro redactado por un coleccionista argentino e ilustrado con vistas de  su propia colección.

 

Cubierta del libro Loncagüe, en su edición de 1968. Fotografía: Gentileza librería Capítulo I.


La impresión fue realizada en el Establecimiento Gráfico Zupay, en 1965 elegido por el gran bibliófilo Armando Braun Menéndez para una edición facsimilar de la refinada Sociedad de Bibliófilos Chilenos, con prólogo suyo, de las vistas panorámicas de Santiago de Chile según dibujos originales del capitán William Waldegrave, con láminas coloreadas y un segundo set de láminas montadas en passe-partout. Pese al antecedente, la edición de Loncagüé resultó defectuosa: muchas erratas, los asientos de la bibliografía no están bien redactados, se advierte la utilización de tipos rotos o averiados y errores tipográficos que afeaban la presentación. Las láminas, con elegante fondo negro sobre el cual resalta el plata de las piezas, revelan que estas últimas fueron fotografiadas sin que previamente se les hubiera pasado el plumero o una tela para eliminar la pelusa sobrepuesta. Esto provocó pequeñas y advertibles manchas blancas.  Debido a ello, al año siguiente, 1968, Maguire hizo una segunda edición, pero corregida [2]. 

 

Doce años después, en 1980, apareció La Pezuña de oro, un trabajo muy bien organizado y documentado, en el cual si bien se ocupa de las costumbres camperas aporta materiales sobre las vaquerías, para lo cual el autor tuvo la buena idea de recurrir al asesoramiento del erudito historiador Alfredo Guillermo Villegas, quien aportó y realizó la versión paleográfica de valiosos documentos del Archivo General de la Nación, particularmente de un expediente sobre las vaquerías en la Banda Oriental, y tuvo a su cargo la revisión final del texto de la obra antes de su entrada a imprenta, en el taller gráfico ya mencionado. A través de sus diversos capítulos, titulados «Las pampas de Buenos Aires, las Vaquerías y relatos camperos»; «Marcas de Santa Fe»; «Marcas de Buenos Aires»; «Llegada del Gobernador»; «Bucaneros en el Rio de la Plata»; «Las vaquerías»; «La Boda de Juan de Manzanares»; «El Gaucho»; «Las recogidas»; «La Estancia”; «Los grandes Arreos y el comercio de Ganado»; se realiza un valioso aporte a la historia de la industria ganadera. El volumen, que se completó con un «Vocabulario de términos Camperos”, al estilo de lo que había hecho Justo P. Sáenz en su libro Equitación gaucha en la Pampa y Mesopotamia, está ilustrado con numerosas láminas en color y un mapa en colores, plegado, de las Pampas de Buenos Aires (1827) [3].

                                                                              

La colección

 

Su origen

 

Maguire, como lo refiere en página autobiográfica incluida en la primera parte de Loncagüé, inició su colección a los 16 años, es decir allá por 1922, cuando en las esquinas de campo  (conocidas como casas «de ramos generales») o pulperías de ese tiempo, tuvo oportunidad de ver exhibidos y pudo comprar estribos, espuelas, cabezadas, facones y cuchillos que en dichos lugares se entregaban como pago de deudas o se empeñaban a cambio de una suma dineraria, y quedaban depositadas como garantía del valor prestado, por un término establecido para su rescate. Y si ello no ocurría se ponía en exhibición y venta. En esos años juveniles participó en ruedas de fogón y se dedicó a adquirir las prendas más llamativas y originales que pudo encontrar, también en Montepíos (casa de empeños) de la Capital. Una anécdota relatada en Loncagüé lo pinta de cuerpo entero. En cierta oportunidad, le habían llamado poderosamente la atención las espuelas de un jinete y para hacerse de ellas tuvo que comprarle el caballo picaso overo que montaba, sin necesidad. Así fue adquiriendo prendas valiosas en sus recorridas por los partidos bonaerenses de 25 de Mayo, Junín y Los Toldos, en los comercios de Buenos Aires y especialmente en la casa Pardo de la calle Sarmiento en esta ciudad, donde se reunían los miembros del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades.

   

Simultáneamente compraba valiosos libros en la Librería Fernández Blanco, por entonces en su local de Tucumán casi Esmeralda, de la cual también era cliente Antonio Santamarina. En el remate de la colección de armas del general José Ignacio Garmendia realizado en 1931 en Guerrico & Williams adquirió un conjunto de lanzas, incluida una que había sido del famoso coronel entrerriano Miguel Guarumba, de origen guaraní. Otras piezas compradas en esa ocasión habían pertenecido a la importante colección formada por Antonio Muniz Barreto.

 

Maguire reunió en su casa de la Avenida Alvear y en su estancia «Tres Bonetes» en el partido bonaerense de Lincoln, todo el material adquirido durante años: platería criolla y aborigen, armas, mobiliario colonial lusobrasileño, acuarelas, dibujos (particularmente destaco las notas originales de Rugendas tituladas “Costumbres porteñas”, ilustradas con dibujos), óleos sobre temas camperos, libros antiguos, monedas, carruajes antiguos, sopandas, una carreta y una diligencia.

 

Conocimiento público de su colección

 

La primera información que tuvo el público de la colección que Maguire formó con su hermano Luis María llegó a través de un artículo con fotografías aparecido en 1932 en una página entera del rotograbado de La Prensa. [4] En 1945 se reprodujo la fotografía de una cama de la Gobernación del Río de la Plata 1760-1776 de jacarandá con su tallado originario de Buenos Aires y estribos y pasadores porteños de plata 1850 en el libro El mueble en América del Sur, ilustrado con dibujos y fotograbados, cuya dirección literaria estuvo a cargo del profesor Romeo Agustín Papolla Podestá y los proyectos sobre decoración de interiores (inspirados en muebles e interiores coloniales) del decorador Pierre Nicolás (1920-1990) [5]. Al año siguiente se menciona un lomillo porteño de 1860 de su propiedad en los Anales de la Asociación Folklórica Argentina [6].

 

Su colección mereció elogios del conocido coleccionista texano Eduard Larocque Tinker (1881-1968), que estuvo en nuestro país en 1960 [7].

 

Una fotografía del living room de la estancia «Tres Bonetes», publicada hace trece años, permite observar en primer plano un pequeño cañón liviano, a ambos lados de una arcada fierros de marcar hacienda, y sobre ella dos listones paralelos de madera sobre los cuales se ven montados notables pares de espuelas. A ambos lados de la arcada, en la parte superior, sendas panoplias de madera exhiben, una de ellas cinco trabucos enmarcados por dos chifles de asta, y la otra un arma larga de fuego central rodeada por seis de puño. En una pared lateral, sobre una panoplia de fondo negro, sables y espadas. A horcajadas de un caballete de madera, un mandil militar con un lomillo con cabezales de plata. Cruzando la arcada, al fondo, una panoplia con dos dagas y otros tantos sables sirve de marco a tres armas de fuego, y sobre ella una lanza y un chuzo. En ambos costados, sendos armeros de madera con diversas armas largas [8].

 

Reproducidas fotográficamente en Loncagüé las principales piezas de la colección de platería criolla y pampa-mapuche de Maguire, el volumen adquiere el valor de un verdadero catálogo de la misma.

                                                                                                        

La platería pampa

              

Esta sección de la colección Maguire se integraba por sendos conjuntos: uno formado con alhajas femeninas de origen pampa-mapuche [como las que hemos mencionado al tratar las colecciones de Ambrosetti y de Amadeo Artayeta], y otro con platería ecuestre de esa procedencia, en el cual destacan las cabezadas que pertenecieron a los caciques Mariano Rosas, Ramón Cabral y Vicente Pincén, un bozalejo de Nahuel Payún, y también estribos. Esto se completaba con textiles (entre ellos un poncho que usara el cacique Cipriano Catriel [9]) y fotografías de indígenas.

 

Preocupaba a Maguire, como coleccionista experto, la autenticidad de las piezas. Para documentarse debidamente observó colecciones particulares y de los principales museos. Piezas lisas, motivos florales a cincel pero superficiales (“a flor de agua”) le permitieron advertir la existencia de un estilo original, en el cual se destacaba la presencia del cardo santo de flor amarilla.  Para confirmar sus intuiciones y asegurarse de la autenticidad de sus piezas consultó por separado a tres descendientes directos de las famosas tribus: Antonio Güenchal, Fausto Faustino y Coliqueo Morales, entendidos en esa clase de trabajo, quienes coincidieron unánimemente en que las piezas que observaron eran “trabajo de paisano”. 


En los años sesenta Maguire encargó a Greslebin la redacción de un completo estudio de la platería pampa, para disponer de una opinión con alto valor técnico. Greslebin, por entonces proyectaba la realización de una obra titulada «Arte Pampa» en la cual analizaría la colección de fajas pampas de Gustavo Muniz Barreto, quien antes de donarlas al Museo de Luján se las facilitó, por lo que Greslebin las dibujó y acuareló prolijamente. Pero la obra no fue terminada y quedó inédita. En el estudio que le encargó Maguire afirmó la existencia de una verdadera platería pampa, identificándola con un definido y local “estilo de la llanura”, caracterizado por la presencia de líneas simples de hojas y flores representativas de la flora local [10]. Demoraría largos años Maguire en publicar este trabajo. 

 

Pero aquel trabajo de Greslebin, requiere aún ser completado con un estudio comparativo, basado en un repertorio exhaustivo de formas, en el cual se presenten en paralelo esos motivos, de procedencia y épocas diversas. El resellado de las piezas por parte de los aborígenes, como signo de propiedad individual, otra de las hipótesis que Greslebin desarrolla, merece ser profundizado. He dicho en otra oportunidad que una marca o mera modificación es una añadidura nativa de generalización difícil de probar y, aún de ser ello posible, carecería de la suficiente amplitud como para acuñar una definición estilística. Cabe reconocer la honestidad intelectual de Greslebin, quien imposibilitado de soslayar la advertible influencia adventicia en la elaboración de muchas de las piezas que analizó, reconoce que sus orfebres pudieron no ser exclusivamente indígenas, a lo que debemos agregar que mucha prendas usadas por caciques importantes fueron regalos del gobierno, adquiridos en las platerías más importantes de Buenos Aires [11] .

 

Destino de la colección

 

Desde el fallecimiento de Maguire en 1981 la colección es conservada por su hija, pero el legado cultural de su padre, cuyo espíritu está presente en sus libros Loncagüé y La pezuña de oro, por su valor y trascendencia, ya pertenece por mérito propio al patrimonio de los argentinos.

 

Notas:

1. John Walter Maguire, Loncagüé. Relatos de frontera. La pampa, costumbres, leyendas y artesanía por… Seguido de un estudio sobre la platería pampa por el Profesor Héctor Greslebin, Buenos Aires, Establecimiento Gráfico Zupay, 1967. 251 pp.  Del trabajo de Greslebin se hizo una corta tirada aparte de 77 pp. en cuya portada, color gris plomo, se lee: La platería araucana y pampa: estudio e ilustraciones a través de la colección Maguire. De esta separata de muy rara circulación conservo en mi Biblioteca un ejemplar, que finamente me obsequiara el señor Maguire con una dedicatoria autógrafa suya.

2. John Walter Maguire, Loncagüé: Relatos de frontera. La pampa, costumbres, leyendas y artesanía por […] Seguido de un estudio sobre la Platería Pampa por el Profesor Héctor Greslebin, Segunda edición corregida, Buenos Aires, Establecimiento Gráfico Zupay, 1968, 251 pp.

3. John W. Maguire, La pezuña de oro. Las Pampas de Buenos Aires. Las vaquerías y relatos camperos. Buenos Aires [s.e.], 1980, 402 pp.

4. «La colección de objetos camperos e históricos de Juan y Luis Maguirre», en La Prensa, año LXIV, núm. 22.836, Buenos Aires, 4 de septiembre de 1932, 5ª. sección, p. 4.

5. El mueble en América del Sur, Buenos Aires, Ediciones Centurión, [1945], [16] h. xxiv pp., [26] h. láminas, blanco y negro

6. Anales de la Asociación Folklórica Argentina, Buenos Aires, 1946, vol. 2, p. 60.

7. Correspondencia de Maguire con Larocque Tinker conservada en la colección de manuscritos de la Larocque Tinker Collection, en el Harry Ramson Center de la Universidad de Texas, en la ciudad de Austin.

8. Damián Herrera, «Las estancias históricas de la provincia de Buenos Aires», p. 14, en el suplemento de Estancias del diario La Prensa, Buenos Aires, 28 de marzo de 2010.

9. Guillermo Palombo, «Los ponchos del cacique Cipriano Catriel», en El Tradicional, núm. 42, Buenos Aires, 2001, pp.  8-9.

10. Guillermo Palombo, Platería Pampa. Proemio de Julián Cáceres Freyre. Prefacio de Rodolfo Trostiné. Buenos Aires, Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, 1995, p. 25.

11. Guillermo Palombo, Piezas de plata de Cándido Silva para obsequiar a la tribu de Catriel (1856 - 1857. En Nuestra Platería, n. 4, Diciembre-Febrero 1995, pp. 14-17.


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