Símbolos y diseños indígenas en las vestimenta de gauchos/gaúchos sudamericanos

Emeric E. Vidal, Indios pampas en el mercado indio de Buenos Aires. Litografía incluida en el álbum  Picturesque Illustrations of Buenos Ayres and Montevideo, publicado en Londres por R. Akermann en 1820.



Poncho mapuche. Chile, siglo XIX. Medidas: 113 x 123 cm. Tejido en telar de horcones, en lana de oveja hilada a huso y teñida. Ex colección Ruth Corcuera.



Con su típica vestimenta, incluido el chiripá y las botas de potro, este gaucho luce su poncho pampa o mapuche, además de la guitarra y el mate. Antigua fotografía copiada sobre una gelatina de plata. Argentina, circa 1910. Fotografía reproducida en el libro “Argentina. El Gaucho. Tradición, arte y fé”. Buenos Aires / Ciudad del Vaticano, 2013, Fig. 164, p. 113.



Emblema de la tradición criolla en la segunda mitad del siglo XX, el comodoro Güiraldes con un poncho pampa, a caballo, observa un rebaño. El ombú dibuja su silueta en la planicie de la pampa. Fotografía: Gentileza Aldo Sessa.



Eduardo Hector Ferraro

 

Doctor en Antropología social formado en la Universidade Federal de Santa Catarina, en Florianópolis, Brasil. También tiene la maestría en la misma disciplina en la misma universidad, y es licenciado en artes, con orientación en música formado en la Universidade Estadual de Santa Catarina. Este artículo fue publicado originalmente en portugués en el compendio de trabajos de investigación de la RAM (Reunión de Antropología Mercosul) 2019 realizado en la ciudad de Porto Alegre, Rio Grande do Sul, Brasil. La traducción es del propio autor.


Por Eduardo Hector Ferraro [1]

Universidade do Vale do Itajaí (Santa Catarina, Brasil)


(Primera entrega)


Este artículo trata sobre la circulación de dibujos de la iconografía de la etnia mapuche desde sus prendas confeccionadas en comunidad hasta su adopción en la indumentaria gaucha. La circulación de motivos se inició por contacto interétnico en los siglos XVIII y XIX, en la Patagonia y pampa argentina, el que derivó en un proceso denominado por varios autores como araucanización. Este avance de la cultura trasandina en territorio argentino evolucionó en un intenso sistema de intercambio de objetos, vestimentas y animales entre colonizadores e indígenas, constituyendo un nuevo sistema comercial en la región -con vínculos pacíficos y violentos- que propiciará el tránsito de la iconografía mapuche a la vestimenta gaucha.

 

En la actualidad, estos diseños se utilizan en una variedad de prendas de la indumentaria gaucha, fruto incluso de una apropiación comercial de la industria textil. Se mencionan aquí algunas transformaciones importantes: la de los diseños en la vestimenta que representan la cosmovisión de la etnia mapuche, por un uso de esta grafía por parte de la sociedad criolla y entre los gauchos (aquellos colonizadores, descendientes de europeos y nativos), hoy devenidos en paisanos, como identificadores de su grupo social. Esta transición fue propiciada por el fenómeno de mestizaje, de los contactos e intercambios interétnicos.

 

Introducción. Informes y análisis de una experiencia interétnica

 

La vestimenta de los llamados gauchos, o paisanos, es también un tema abordado con frecuencia por historiadores y especialistas de literatura, y claramente por aquellos investigadores que transitan por cuestiones de antropología y arqueología de los ámbitos pampeanos y patagónicos. La indumentaria de los gauchos argentinos y uruguayos, y gaúchos brasileños inevitablemente sufrió transformaciones sustanciales. Es bastante claro que una de las principales razones fue el contacto con etnias regionales, pero también los conflictos bélicos entre las dos corrientes colonizadoras, la portuguesa y la española, en disputas geopolíticas y comerciales en territorio sudamericano. Dentro de este panorama, mi interés en este artículo apunta concretamente al uso de ciertas prendas de la indumentaria gaucha o gaúcha [1], o de campo, que contienen diseños indígenas. De esta forma, describiré algunas de mis experiencias de investigación, relacionando textos historiográficos y otros materiales bibliográficos, destacando los procesos de mestizaje constatados en la adaptación de las prendas y los dibujos que ellas contienen.

 

La historiografía proporciona una base para comprender este campo de estudio de la indumentaria rural, ya que me refiero a un período delimitado aproximadamente entre 1750 y 1870, llegando hasta principios del Siglo XX. Debo decir que la Historia como herramienta de investigación en el caso de los habitantes de la pampa resulta fundamental para comprender cómo se constituyeron estos sujetos, y cuánto de ese legado de colonizadores e indígenas existe hoy, a consecuencia del mestizaje que se llevó a cabo durante esos años. Otro detalle importante es comprender que fue a partir de los registros historiográficos sobre tales contactos que resulta posible visualizar la inserción de piezas de vestimenta indígena, y en particular de una serie de dibujos localizados en estas prendas, los que paulatinamente pasarán a formar parte de la vestimenta de gauchos y gaúchos. Teniendo esto en cuenta, hemos llegado hasta nuestros días, corroborando cierta resonancia de estos dibujos provenientes de motivos indígenas. Cabe señalar que los dibujos a los que aquí se hace referencia tienen su origen especialmente en las etnias que ocuparon el sur argentino, es decir, las pámpidas y patagónicas, en particular de aquellos pueblos que comparten su territorio con el vecino país de Chile. Esto no quiere decir que sean los únicos motivos que aparecen en la indumentaria campesina sudamericana, ya que en algunos casos se pueden apreciar diseños de pueblos originarios del norte argentino y de países vecinos, como Bolivia y Perú.

 

Luego de algunos viajes a la Patagonia argentina, me percaté de ciertas particularidades de los campesinos de esta región, diferentes a los de otros lugares del país, como la pampa, o en Uruguay y Brasil. Aunque llama la atención que, en una región tan amplia y diversa, se compartan características de vestimenta, con especial incidencia de diseños indígenas. Los dibujos a los que aquí se hace referencia provienen en su mayoría de las etnias de la región núcleo de la Araucanía. El proceso de utilización de estos dibujos en la indumentaria gaucha o gauchesca es largo y complejo, y lo describiré a lo largo de este artículo.

 

Surgen así varios interrogantes por describir: los préstamos y apropiaciones culturales, la transculturación, las transformaciones geopolíticas, el intercambio de objetos (como mercancías) y animales entre poblaciones establecidas descendientes de colonizadores e indígenas, constituyendo un nuevo sistema comercial regional, y todo lo relacionado con los contactos interétnicos y el mestizaje. Finalmente, relataré el paso de los dibujos, con significado cosmológico en la etnia que los creó para el uso en la ropa de los gauchos (mezcla de colonizadores europeos con indígenas), como identificadores de este grupo social, y haré un análisis a partir de la teoría del simbolismo propuesta por el antropólogo Roy Wagner (1986, 2010).

 

Breves consideraciones sobre categorías creadas por mezclas y contactos interétnicos

 

El contacto y la mezcla entre colonizadores europeos e indígenas también produjeron el surgimiento de algunas categorías. La categoría de criollo en la mayoría de los diccionarios se refiere a aquellos descendientes de europeos nacidos en América Latina, poco después aparecería la categoría de gaucho o gaúcho, y en este caso ya se estaría haciendo referencia a cuestiones interétnicas y de mestizaje. Assunção (1963) atribuye a los habitantes de la pampa uruguaya varias categorías, como changador y baqueano, los que realmente difieren en sus funciones sociales, pero estarían dentro del concepto general de gaucho. El autor Rodríguez Molas también expresa con claridad las mezclas étnicas en la pampa argentina en el libro Historia Social del Gaucho (1982). Cardozo Nunes en su Dicionário de Regionalismos de Rio Grande do Sul (2000) define al gaúcho como restos de tribus guerreras mezcladas con portugueses y españoles, nómadas, hábiles jinetes, desprendidos de todo, incluso de la vida. Posteriormente aparecieron categorías como el peón rural para los trabajadores de campo, y una muy importante, la de paisano.

 

El paisano se define por la idea de mestizaje, derivado del gaucho o gaúcho. Se refiere, en la pampa actual, a las personas que viven en el campo y realizan una variedad de tareas rurales como la ganadería y la agricultura. La etimología de la palabra deriva del francés paysan, que significa campesino, o gente de la misma tierra, del mismo lugar. Con base en autores como Carlos Martínez Sarasola, esta categoría se presenta en su obra Nuestros Paisanos los Indios (2013) como una realidad histórica del mestizaje interétnico entre indígenas y colonizadores en la pampa argentina. El autor describe las primeras poblaciones nativas del territorio argentino, además de varios hechos sobre la participación de los indígenas en la configuración de la nación y la población local. Quedó claro en este trabajo, y luego en mis experiencias de campo en la pampa y la Patagonia, que el paisano contemporáneo es un sujeto fruto de contactos interétnicos. En el ámbito patagónico, es notorio que la etnia mapuche es una de las más presentes en la actualidad, siendo visible la participación de este pueblo indígena tanto en los temas comerciales y laborales locales, como en la vida comunitaria de estas regiones. De manera que es importante una nueva comprensión de la categoría paisano, y lo que significa en la actualidad en estos entornos.

 

El proceso de contacto de las etnias locales con el colonizador europeo

 

Es recurrente la visión de que el proceso colonizador en América Latina tiene como característica el avance sobre los territorios indígenas de las corrientes española y portuguesa. En general, estos movimientos de conquista se mantuvieron como un patrón de acción, pero lo que aquí trato son detalles de una inversión, es decir, algunos grupos indígenas que penetran el terreno de otras etnias, así como en espacios ocupados por descendientes de europeos. De esta forma, algunos autores reportan la existencia de un avance en el siglo XVIII de ciertos pueblos de los Andes centrales en los territorios patagónicos y pampeanos, es decir, provenientes de Chile y penetrando en estas regiones de Argentina. Estas incursiones indígenas fueron pacíficas al principio, pero más adelante adoptaron un importante grado de violencia, en especial los malones que avanzaban sobre las poblaciones y estancias, siempre con el especial interés de capturar ganado cimarrón y marcado, los que ganaron protagonismo en ese proceso de contacto entre los pueblos originarios, como con los españoles, colonizadores de esta región, y con los llamados criollos mestizos.

 

Para entender la araucanización es necesario tener claro quiénes fueron los pueblos de esa región, teniendo en cuenta que no todas las etnias de los Andes chilenos penetraron en territorio argentino. En la región de la Araucanía fue posible dividir los territorios en tres etnias principales: al norte los pikunches, en el centro el dominio mayoritario era mapuche, y en menor medida y al sur los williches, en tanto que al este y en territorio argentino se ubicaba el pueblo pehuenche. En la mayoría de las descripciones, autores como Casamiquela, Mandrini o Martínez Sarasola (2013), señalan que la etnia mapuche avanzó en territorio argentino, inicialmente de manera paulatina, sin grandes contingentes, mezclándose con los tehuelches, la etnia pampeana y patagónica más importante, y con los españoles y sus descendientes. Un detalle importante que aporta Casamiquela en su artículo Características de la Araucanización al Oriente de los Andes (1985) es el fenómeno de la transculturación, es decir, la adaptación y reajuste de algunas características culturales de ambas etnias. El autor comenta que este lento proceso de araucanización trajo también importantes cambios y adaptaciones culturales para los mapuches, incorporando la caza, la ganadería y algunos tipos de vivienda de las etnias pampeanas, como las viviendas de cuero y palos llamadas tolderías en su forma de vida.

 

Fotografía de Peter H. Adams,  Toldos de Patagones (o tehuelches). Patagonia, circa 1870.


Guillaume Boccara (2003) se refiere a estos encuentros y conjunto de relaciones entre los propios grupos indígenas, y con los españoles, como una especie de etno-génesis, en el sentido del surgimiento de nuevas identidades étnicas, formas sociales y grupos a partir de los contactos interétnicos. Además, este autor apunta a un intercambio de características culturales provenientes de cada grupo étnico, en el fenómeno de fusión y surgimiento de nuevos grupos y comunidades. Una de las adaptaciones más importantes fue la del mapuche con el caballo, animal que llegó de Europa con el colonizador, dominado en esa época por los tehuelches. Entre otras particularidades, Boccara comenta:

 

«Y es aquí donde calamos hondo en el principio fundamental del funcionamiento de la máquina social indígena: la construcción de sí mismo en un movimiento de apertura hacia el Otro. Sabemos que los reche (mapuche) de los primeros tiempos de la conquista adoptaron muy rápidamente el caballo, diversos cultivos y el fierro. Y que también incorporaban las cualidades del Otro máximo a través del trabajo ritual en el cuerpo del enemigo capturado en combate. Los jefes mapuches se sentían atraídos por las mujeres wingka y los niños que nacían de estas uniones mixtas eran integrados totalmente a la sociedad indígena. Los cautivos experimentaban un proceso de “recheización” forzado». (BOCCARA, 2003, p. 97)

 

Además de los préstamos culturales entre estos grupos, es decir, en las formas sociales y de vida, a través de la modificación y readaptación de códigos, conductas sociales, agencia y comportamiento en el ambiente, también hubo un cambio sustancial en el incipiente escenario económico de la época. Esta incursión mapuche cobró importancia, ya que, a través del intercambio de objetos, vestimenta y animales, principalmente con los habitantes locales, se establecieron nuevas relaciones sociales y comerciales en la región. Explica Boccara en la obra citada que, en el siglo XVIII, el intercambio con la sociedad colonial de la frontera les permitió a los criollos adoptar el poncho mapuche, como otras artesanías elaboradas por estas manos indígenas, en tanto que los caciques recibían con honor el título de soldado distinguido del ejército real, a cambio por supuesto de un sueldo y de algunos presentes.

 

En términos sociales y geopolíticos, también podemos observar detalles importantes, como la transformación del nomadismo de algunos de los grupos, por una constante de ocupaciones fijas en el terreno pampeano, pugnando por lugares con agua, buenos pastos para la cría de animales y territorios geográficos con facilidad para establecer contactos comerciales con otros grupos, detalle comentado por Mandrini:

 

«Otra idea arraigada que debió abandonarse es la del nomadismo”de los indígenas pampeanos, quienes estaban asentados en parajes bien determinados donde la presencia de pastos, agua y leña hacía posible su supervivencia; algunos lugares, como las tierras vecinas a las sierras del sur bonaerense, los valles del oriente pampeano, el monte de caldén y los valles cordilleranos, fueron centros de asentamiento de importantes núcleos de población. La alta movilidad de los indígenas, determinada por la circulación de los ganados, las actividades mercantiles, o la participación en parlamentos, asambleas o rituales colectivos, no debe confundirse con nomadismo». (NACUZZI 1991; 1998, apud MANDRINI).

 

La incursión mapuche en Argentina propiciaría una especie de sistema comercial basado en el principio de reciprocidad e intercambios culturales entre esta etnia andina, los tehuelches y las poblaciones locales (MARTINEZ SARASOLA, 2013). Este sistema de negociación favorecería el paso de dibujos y figuras existentes en la vestimenta mapuche para el universo del descendiente de europeos, constituyendo así la ornamentación de vestimentas de los gauchos. Los intercambios en el universo indígena son una práctica muy común, y el significado del acto de intercambiar personas, bienes u objetos de cualquier tipo tiene diferentes objetivos, como el Potlach de los indios norteamericanos, o el Kula en Polinesia, o el intercambio entre pueblos amazónicos, pasando por cuestiones de reciprocidad, rituales y uniones matrimoniales (LÉVÌ-STRAUSS, 1982). [3]

 

Notoriamente, el llamado proceso de araucanización de la pampa argentina constó de varias etapas. El primero sería la transmisión de elementos culturales mapuche (lengua, textiles, agricultura), donde se habría producido una real intensificación de los flujos migratorios de occidente a oriente, así como la absorción por parte de esta etnia de algunas características culturales de la pampa, principalmente de la etnia tehuelche. De esta manera, la intensidad del movimiento entre los dos lados de la Cordillera de los Andes, el establecimiento de redes comerciales, de alianzas políticas y matrimoniales transformaron este vasto espacio, con las características de mestizaje y etno-génesis (BOCCARA, 2003).

 

Este ciclo indígena terminaría en el siglo XIX con la llamada Conquista del Desierto, entre 1878 y 1885. La Conquista del Desierto fue realizada en varias etapas por el Estado argentino, diezmando a los pueblos originarios y entregando las tierras a nuevos terratenientes, con el objetivo de ampliar los límites colonizados y ocupar la Patagonia reclamada por el gobierno chileno. La primera fase la llevó a cabo Juan Manuel de Rosas, conteniendo los ataques indígenas y negociando con los principales líderes. Después de este período, los indios volvieron a invadir las tierras colonizadas. Finalmente, en 1870 el Estado avanzó con mayor consistencia, desplazando a los indígenas de ese amplio territorio, y en 1878 Julio Argentino Roca inició la marcha del ejército sobre las etnias patagónicas, logrando su rendición definitiva en 1885. Vencidas las etnias instaladas en tan amplio espacio, muertos, sometidos y desplazados, las tierras conquistadas por el Estado argentino impulsaron pingües negociados con la propiedad definitiva en manos de familias aristocráticas que las compraron a precios irrisorios. (MARTÍNEZ SARASOLA, 2013).

 

La representación de la cosmología mapuche desde la actividad textil

 

Las vestimentas de las etnias que interactuaron en los ambientes patagónico y pampeano diferían sustancialmente. Entre los pueblos pampeanos y patagónicos, como los tehuelches, tendrían una estrecha relación con el uso del cuero de animales de ese ambiente, como guanacos y caballos, mientras que la etnia mapuche, proveniente de la cordillera de los Andes, desarrolló sus tejidos a partir de la lana de ovejas y guanacos (MARTINEZ SARASOLA, 2011). Como se señaló anteriormente, los habitantes establecidos en la región entraron en el circuito de intercambios con los objetos de los europeos y con los animales de un incipiente sistema pastoril de la época (MANDRINI, 1984).

 

En este escenario, se presenta el tema de los dibujos de la indumentaria mapuche, que será uno de los elementos de intercambio. Estos dibujos tienen un significado basado en la cosmología de esta etnia que representa su universo. El punto central aquí son las figuras que aluden al universo simbólico y sus seres, así como al entorno y la topografía. También es relevante el significado de los colores utilizados en los diseños y telas, en piezas específicas, es decir frazadas, ponchos, fajas, mantas de montar, y si son para hombres, mujeres o algunos sujetos que tienen algún tipo de jerarquía (poder, liderazgo) dentro del grupo o comunidad. El análisis de la iconografía se basa en comparaciones de formas geométricas, como cuadrados, rectángulos, triángulos y rombos, muy frecuentes en los dibujos (FIADONE, 2007). Existen otras formas de representación más complejas que van más allá de los dibujos elementales, y que se pueden encontrar no solo en la indumentaria, sino también en las demás artesanías (RIQUELME, 1996).

 

Trarihue, o faja mapuche. En la comunidad originaria, de uso femenino, pero adoptada por el gaucho se incorporó a su vestuario masculino. Fotografía: Nicolás Vega. VER MÁS 


Riquelme (1996) propone analizar la simbología de los dibujos mapuche observando sus representaciones cosmológicas a través de una visión tetrádica, es decir, una constante basada en cuatro puntos, o vértices, o un conjunto de elementos que siempre apuntan al número cuatro. Como ejemplo, el autor cita que todas las deidades están organizadas en grupos de cuatro seres, así como el cosmos dividido en cuatro instancias. El universo mapuche se divide en cuatro grandes plataformas, coincidiendo con los puntos cardinales. Este orden simbólico también se representa constantemente en las prendas de vestir, como ponchos y mantas que contienen una cruz con escalones. La cruz simétrica mapuche asume una importancia fundamental en la simbología, pues sus significados cambiarán de acuerdo al número de pasos que la componen, aludiendo al tipo de poncho o manta, y al prestigio y poder de quien la usa (RIQUELME, 1996). Por otro lado, como veremos más adelante, es este tipo de cruz la que mayor incidencia tendrá en las prendas, y la que aparece en la vestimenta gauchesca como símbolo y representación de estos grupos sociales.

 

Las figuras que se muestran aquí son básicamente cuadrados, rectángulos, rombos y triángulos, la mayoría de las veces combinados, lo que proporciona una gama de formatos. El dibujo llamado wirin (figura 1) es un conjunto de líneas que forman cuadrados y rectángulos, en consecuencia, escalones que en secuencia darán la forma de la cruz. El wirin representa un camino, y el número de pasos que lo componen está relacionado con la vida de los sujetos, como jefes o lonkos, sus hazañas, o la poligamia, entre otras cuestiones simbólicas (MEGE ROSO, 1990).

 

Figura 1: wirin. Fuente: Arte textil mapuche (1990)

 

El wirin, en combinación, forma la cruz simétrica, y es uno de los principales diseños mapuches presentes en la vestimenta de este pueblo. Estas combinaciones siempre generan, dentro del principio tetrádico de la cosmología, cuadrados, rectángulos y rombos, con el detalle de los escalones, como vemos en la figura 2.

 

Figura 2: detalle de la cruz andina mapuche, y de las combinaciones geométricas. Fuente: El tejido con sistemas de hilos y su relación con la geometría elemental. 2015.

 

Otro rasgo importante son los colores, tanto aplicados a los dibujos como a las estructuras de la ropa, ya que presentan aspectos de la cosmología y la visión del mundo, la realidad y las vivencias de las personas. Según Mege Rosso (2005), los colores en la vestimenta mapuche son bastante complejos y están en constante transformación a partir de visiones nativas:

 

«El código de color de la cultura mapuche es muy complejo y está en constante redefinición, si se piensa en la integración de los colores de la bandera chilena, rojo, blanco y azul, en ciertos rituales tradicionales.… Esta búsqueda nos fue desbordando paulatinamente, teórica y metodológicamente, lo que nos obligó a un nuevo marco de aproximación antropológico. Lo complejo y sutil de la construcción del color mapuche nos fue orientando hacia un carácter más emocional que analitico-lógico. Infiltrándosenos el juego de la metáfora. En todo caso, este estudio pretende estimular más que concluir en una proposición definitiva sobre una particular teoría del color mapuche, que por la propia substancia de los contenidos del color nos da la sensación de que siempre será un esfuerzo inacabado». (MEGE ROSSO, 2005, p. 247)

 

En el mismo artículo, este autor afirma que el color base en la cosmología mapuche es el negro, donde descansan todos los demás colores, siendo este el color más sólido, y el que forma parte esencial de algunas piezas como el chiripá masculino, y el kepam o manta femenina. El color negro es ambivalente en el mundo mapuche, significa falta de luz, o signo de estabilidad. El color blanco en la materialidad significa luz, el rojo se refiere a fluido, en particular, a la sangre de diferentes matices, diferenciados entre femenino (menstruación) o masculino, como poder y fuerza. El amarillo simboliza un tipo especial de luz, así como el brillo del metal. El verde se asocia exclusivamente con la tierra, y el azul es un color que hace referencia a la esperanza, el cielo o el agua, según el contexto y el punto de vista. También es destacable la idea de otros colores y tonalidades dentro de la actividad textil, que representan lo femenino y lo masculino, como los colores de algunas flores, o algunos aperos de caballos, símbolos de lo masculino en el universo mapuche. Finalmente, lo que expresa Mege Rosso en cuanto a la complejidad de los colores mapuche podría resumirse en el siguiente fragmento:

 

«Los colores cotidianos son difusos e imprecisos, son tonalidades que se entremezclan sin fronteras precisas: continuos. Esto es especialmente evidente en la vestimenta y los adornos de hombres y mujeres, sobre todo en las mantas masculinas [5] y en los tocados femeninos. Las mantas de diario, kachumakun, mantas grises, kurümakun, mantas negro-verdoso o café claro, que poseen las tonalidades de la lana natural, mezclan marrones, grises, blancos y negros, generando un efecto de indeterminación cromática. Las mantas rituales, sobremakún y trudikanmakun, en cambio, son de colores fuertes y definidos, que se consiguen por teñido, predominando el negro, blanco y rojo». (MEGE ROSSO, 2005, p. 256)

 

Notas:

1. Durante la investigación de campo relacionada para la elaboración de mi tesis doctoral en antropología, uno de los temas que más me inquietó fue la cuestión de las mezclas étnicas que se dieron en la pampa. Además de lo observado y discutido con mis interlocutores, la revisión de la bibliografía me brindó algunos puntos de vista sobre este tema. Pero lo interesante de la información era a veces el contrapunto entre lo expresado por algunos autores emblemáticos, como Assunçao (1963), y lo dicho por personas, trabajadores rurales o relacionados con el ambiente del campo con los que conviví durante un año y medio. Lo que resultó de este contrapunto fue que el encuentro de colonizadores y etnias nativas adquirió tal complejidad que dificulta arribar a una síntesis concreta y definitiva. Como muestro en mi tesis, de acuerdo con el antropólogo Marcio Goldman (2015) en su teoría del contra-mestizaje, las miradas sobre este tema son variadas, y corresponden a diferentes puntos de vista, como el de los indígenas, de los historiadores y, lógicamente, el de los antropólogos.

2. A lo largo del texto utilizaré los términos gaucho, del español, como gaúcho del portugués de forma ambigua, como sujetos de un mismo grupo social. A veces solo usaré gaucho, ya que los primeros contactos interétnicos fueron con los habitantes de la pampa argentina, y el uso de ropa y dibujos en Brasil se dará años después.

3. Lévi-Strauss comenta sobre los intercambios en Estructuras elementales de parentesco: “El lector sólo necesita transportarse a ellos y comprenderá hasta qué punto los intercambios matrimoniales y los intercambios económicos forman parte integral de un sistema fundamental de reciprocidad en la mente del indígena (1982, pág. 73).

5. En alusión a los ponchos.

 

Referencias bibliográficas

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