La experiencia de inventariar el patrimonio cultural nacional

Virgen del Milagro. Catedral de la ciudad de Salta. Salta (?) siglo XVIII. Altura: 105 cm. Madera tallada, policromía no originaria, ojos de vidrio. En la tarjeta sobre el pecho se lee: "Tomás Cabrera la encarnó, 1795". Fotografía: Sergio Barbieri.



San Pedro Apóstol. Catedral de la ciudad de Salta. Salta, Fines del siglo XVIII. Altura: 143 cm. Pasta, madera, tela encolada, ojos de vidrio, dientes de nácar. Fotografía: Sergio Barbieri.



Autor: Mateo Pisarro. Virgen de la Almudena con donantes. Cochinoca, Jujuy. Altiplano jujeño, fines del siglo XVII. Óleo sobre tela. 157 x 105 cm. Fotografía: Sergio Barbieri.



Empresa sacra. Iglesia de la Compañía de Jesús de Córdoba. Siglo XVII. Madera tallada y policromada. Medidas: 85 x 75 cm. En el mote se lee PAV OM CV SOL, abreviatura de PAUPERTAS OMNI CURA SOLUTA: Pobreza en toda inquietud libre. Fotografía: Sergio Barbieri.



Virgen del Rosario del Milagro. Iglesia de los Dominicos, ciudad de Córdoba. España, fines del siglo XVI, con intervenciones en el XVIII y en el XX. Madera tallada, restos de policromía, encarnes no originarios. Fotografía: Sergio Barbieri.



Cartela. Antiguo refectorio. Convento de San Francisco. Ciudad de Córdoba. Siglo XVII o XVIII. Temple sobre muro. Medidas: 91 x 153 cm. Fotografía: Sergio Barbieri.



SERGIO DARÍO BARBIERI 

(Buenos Aires, 1944)


Profesor de Bellas Artes, investigador de arte, fotógrafo. Se desempeñó como investigador de la Academia Nacional de Bellas Artes para realizar el inventario del Patrimonio Artístico Nacional en varias provincias.

Ha documentado, investigado y publicado sobre arte popular religioso, devociones y exvotos.

Posee una larga trayectoria en actividades museológicas en el país y el exterior. Ha realizado curadurías de exposiciones, consultorías, cursos y conferencias sobre su especialidad.

Autor de una treintena de publicaciones nacionales e internacionales.


Por Sergio Barbieri *

En agosto de este año me invitaron a dar una conferencia en Bahía (Brasil) en el marco de un Coloquio sobre Patrimonio, Cultura y Memoria organizado por la Universidad Federal de Bahía. Así mismo se presentó durante dicho encuentro, el libro “Los exvotos latinoamericanos, Brasil, México y Argentina”, con textos de José Claudio Alves de Oliveira abordando los dos primeros países y míos, en referencia a los oriundos de Argentina.


Para la conferencia propuse como tema el Relevamiento del Patrimonio Nacional, bienes muebles, que llevamos adelante con mi mujer, Iris Gori durante 19 años y que hiciéramos como investigadores de la Academia Nacional de Bellas Artes. Para ello revisé, luego de muchos años, los libros que hicimos para esta Institución. Es lícito aclarar que el mínimo equipo, dos personas, se contrastaba con los formados por diez y hasta veinte personas que hicieron el mismo trabajo en otros países como Brasil, México o Francia.


El último de esos libros, “Santa Catalina de Córdoba”, se publicó con la ayuda de la Fundación Getty en el año 2000, en tanto que el primero de ellos, “Provincia de Corrientes”, se editó en 1992, hace ya 31 años. Dirigían el proyecto los académicos Héctor Schenone y Adolfo Ribera, y, en mi caso, también fui fotógrafo de todo el emprendimiento.


Con los libros a la vista y con el fin de resumir, de alguna manera el trabajo, lo primero que hice fue sumar la cantidad de bienes patrimoniales documentados en las diversas provincias donde hicimos el relevamiento: Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Salta y Córdoba.


La suma obtenida fue de 3500 piezas publicadas, y tengamos en cuenta que se descartó un 25 % de lo documentado por falta de interés del material u otras razones. Ese descarte quedó fichado y registrado en la Academia.


Las publicaciones oficiales de la ANBA corresponden a Corrientes, Jujuy, Salta y Córdoba. Hicimos otros libros y carpetas de forma independiente cuyos títulos son: “Santa Teresa de Jesús, Divino y Humano juntos” (1993), “Empresas Sacras Jesuíticas” (2003), “El monumento a Sarmiento realizado por Rodin” (2004), “La Orden de Santo Domingo en Córdoba, historia y patrimonio” (2004).


Además, hubo interesantes y atractivas derivaciones de dicho relevamiento como, por ejemplo, el haber hecho, en 1980, en la iglesia del siglo XIX del pueblo de Itatí (provincia de Corrientes), que está junto a la nueva Basílica, el Museo de la Virgen con un magnífico conjunto de obras de imaginería y mobiliario, que están publicadas en el libro correspondiente a esa provincia. Dicho Museo lo renové totalmente en el año 2005.


El relevamiento de bienes muebles de la ANBA fue el más exhaustivo y prolongado que se realizó en el país. Años antes la Institución había publicado los famosos y míticos “Cuadernos” con otro criterio y mirada.


El trabajo excluía la arqueología y la arquitectura y el arte producido después de 1930, aproximadamente. El fin consistió en saber de manera, lo más certera posible, cuánto y qué se había realizado con anterioridad y se conservaba en el país.


Eso se logró por el método de trabajo. Nos instalamos en cada provincia por un año o más con el propósito de recorrerla en su totalidad y ver lo que había en ciudades, pueblos, parajes, casas particulares, estancias, iglesias, catedrales, capillas, museos, intendencias, etc.


Éste fue un “relevamiento razonado”, es decir, no se hizo una suma de objetos con un criterio cuantitativo, sino que de cada uno de ellos se confeccionó una ficha técnica y fotos de plano general y detalles y se los relacionaba con otros bienes similares que iban apareciendo en esa u otras provincias.


Gracias a ese lento método, que consistió, sobre todo en las iglesias, en bajar todos las imágenes y las pinturas de los retablos, limpiarlos y analizarlos, descubrimos pintores, plateros, escultores que se incorporaron a la Historia del Arte del país.


En una breve síntesis pasaremos a enumerar sólo algunos hallazgos.


Provincia de Corrientes


En Itatí, en la iglesia donde ahora funciona el Museo, a comienzos del siglo XX y siguiendo la moda de la época se decidió reemplazar el antiguo y “vetusto” retablo del siglo XVIII por uno neogótico. Pero no se midió el alto de la Virgen que iría ubicada en la hornacina central. Al querer ponerla en ella, se dieron cuenta que no cabía y recurrieron a la solución más fácil: se la cortó por debajo de los pies para dejarla sin peana. ¡Ahora mide 126 cm! Y su notable desproporción se disimula con una túnica y manto largos. El rostro originario de la imagen era de tez oscura, es decir parecido al de los habitantes del lugar, con sucesivos y documentados retoques hechos en 1853 y 1885, se lo fue aclarando.


Hay importantes tallas jesuíticas en la ciudad capital y en Saladas, San Miguel, Loreto [provenientes de las Reducciones Jesuíticas de Yapeyú], Santo Tomé, San Carlos y La Cruz.


Cierto es que, gracias al método de trabajo (que consistió en recorrer toda la provincia) encontramos y documentamos una cantidad de imaginería popular que estaba en manos de particulares y que no se conocía, donde se destaca San Baltazar, cuyo culto lo trajeron los negros brasileños después de la guerra de la Triple Alianza.


También tiene relevancia el exvoto pintado del siglo XIX, que está en el museo que hicimos en Itatí, donde se ve a la Virgen de Itatí, en el retablo del XVIII tal como estaba antes de que se renovara dicho mueble. Durante una restauración que realizó Alicia Beltramino en 2005, apareció el texto: «Virgen de Itatí, patrona de Tuyutí, lo pintó Juan Bedoya, en 1872».


Hay magníficos muebles que se exhiben en el museo, y que fueron confeccionados en talleres instalados en el siglo XVIII en Itatí. Una cómoda-escritorio tiene fecha: 1768. Los confesionarios y los escaños son de la misma época.


Provincia de Salta


Las imágenes que se realizaron en esta región argentina, tanto en el siglo XVIII como en el XIX, no son aquellas que se producen más al norte, como en el Alto Perú y en Perú mismo. Aquí no llegaron los imagineros de origen europeo.


En el noroeste del país se hace una imaginería más elemental, esquemática, y se usan para su confección mascarillas de pasta aplicadas sobre un núcleo de cardón. El pelo y las barbas se realizan con pasta modelada y la tela encolada se pone sobre el candelero de madera que completa la figura. Son figuras muy expresivas y con carácter.


La Virgen del Milagro es una magnífica talla en madera, de 105 cm de alto, que tiene articulaciones en codos y muñecas, lo que demuestra que fue hecha para ser vestida. Al desvestirla pudimos ver, pintada en el pecho, una cartela donde se lee: «La encarnó Tomás Cabrera. Año 1795». (Ver fotografía)


Este pintor y escultor, del que se tienen pocas noticias; probablemente nacido en 1748, murió en 1801. En el Museo Histórico Nacional se conserva su obra más famosa, la pintura titulada “El encuentro del Cacique Paiquín con el Gobernador Matorras” que fechara en 1774 [1]. Fue nombrado Maestro Mayor de Pintura en 1789, como consta en las Actas Capitulares de Salta.


El Señor del Milagro tiene una leyenda que dice que apareció flotando en el puerto del Callao dentro de un cajón. El Cristo mide 190 cm de alto, está muy repintado y tiene paño de pureza de tela encolada.


De Felipe de Rivera, notable escultor, ya hemos hablado en un artículo para este mismo espacio (VER) hay en la iglesia de San Francisco una cabeza del mismo santo, otra en Santiago del Estero de 1762 y durante este relevamiento, encontramos en la iglesia de Santo Domingo, en Córdoba, otro San Francisco realizado y firmado en la nuca con su fecha: 1794. Las tres esculturas poseen el mismo tratamiento anatómico que las caracteriza.


Provincia de Jujuy


Aquí realizamos un descubrimiento de gran relevancia; fue en 1986 y significó incorporar el nombre de Mateo Pizarro a la Historia del Arte de la Argentina, un excelente artista que actuó en la Puna jujeña en las últimas décadas del siglo XVII y primeras del XVIII. Había nacido en tierras bolivianas que para entonces eran un mismo suelo. Descubrimos la firma en la pintura “San Ignacio de Loyola” que está en la iglesia de Uquía. Se basa en un grabado de Schelle Adams Boswert de 1659, sobre un cartón de Rubens. Sostiene el libro de las Constituciones y en la página de la izquierda aparece un Niño Dios en grisalla con el orbe coronado por cruz. (Ver fotografía) Las obras de Pizarro muestran sabiduría en el tratamiento del dibujo y del color. Posee una mano hábil que hace diferenciar los materiales como telas y metales. Trabajó para Juan Campero y Herrera que le hacía traer de Europa el “Smalte” (pigmento vitrificado de cobalto), el carmín y la malaquita, todos productos que se hallaron en sus pinturas haciendo pruebas de laboratorio.


En la provincia de Jujuy también documentamos obras de Diego de Aliaga, Marcos Zapata y Melchor Pérez de Holguín.


Casi todas ellas habían sido pintadas sobre arpilleras y otro tipo de telas donde se envolvían los productos llegados de Europa. Muestran varias costuras para formar el tamaño necesario y en muchas aparecen los “marchamos” aduaneros donde se consigna lugar de destino (por ejemplo, Cartagena) y el peso de lo que llevaban.


Provincia de Córdoba


La imagen de la Virgen del Milagro es la que comparte la leyenda del Cristo del Milagro de Salta que dice que aparecieron flotando dos cajones en el puerto del Callao en el año 1592. Ambos con rótulos que indicaban dónde debían ir las imágenes que contenían.


Poco y nada se sabía de ella. Con autorización de los padres dominicos pudimos desvestirla y comprobar como una tela moderna y de color rosado, cubría toda la pieza desde la cintura hasta la base. La cabeza había sido desbastada, quitándole parte del cabello y el velo que lo cubría. Las manos auténticas, habían sido cortadas a la altura de los puños conservando el borde del vestido de las manos originales. 


Con la autorización de los sacerdotes realizamos una ventana de 10 x 10 cm en la parte de atrás de la tela encolada con la intención de constatar si existían restos de la talla primigenia. Y así resultó, quedaban restos evidentes de la talla y el estofado tal cual llegó de España en el siglo XVI. Nos permitieron retirar toda la tela nueva quedando a la vista los listones de madera que conformaban el acampanado de las prendas. (Ver fotografía) Toda la policromía y el oro estaban salpicados con la tiza y cola con que se había endurecido la tela. Los brazos habían sido cortados y dispuestos de manera que pudiesen sostener al Niño Dios que la imagen primigenia no tenía. La costumbre de desbastar las imágenes para poder vestirlas y de esa manera engalanarse y enriquecerla con prendas y joyas es una costumbre española del siglo XVIII. Se le hicieron orejas nuevas para poder ponerle aros. Hallamos un papel doblado en cuatro y sujeto con una chinche sobre la talla originaria. Estaba fechado en el año 1917 y en el cual se aclaraba que la comunidad de dicho año había resuelto: «Ante el lamentable estado de la imagen, por haberla, los antepasados, cortado para vestirla, pareció oportuno y reverente, colocarle un vestido. Se le afinó la cintura con el fin de vestirla y se le agregaron los listones para hacerla más estable, que es el que lleva ahora», y continúa aquel texto, «que la imagen ha sido de talla completa y al parecer hermosísima, la ignorancia y la piedad cometieron el error de hacerla pedazos para vestirla».


Otro descubrimiento fue la firma del autor de la magnífica talla de la «Transverberación de Santa Teresa» que está en el altar mayor del convento de las monjas Carmelitas. Es de madera tallada y policromada, de 295 cm de alto y Alfonso Bergaz (1744-1812) fue su autor.


También en el Museo Jesuítico de Jesús María hallamos un Nazareno, de vestir, de cuerpo entero y de pie, con ojos de cascarón y dientes de nácar que tiene pintado en el pecho «Ilario Cabrera me hizo en Salta» y en la espalda «Lo mandó a hacer Rosendo de Frías. 1801».


Un trabajo que nos demandó varios meses y que significó armar un andamio con ruedas con el cual recorrimos todo el perímetro de la iglesia de la Compañía de Jesús, en el centro de la ciudad de Córdoba, a 10 metros de altura, nos permitió documentar, por primera vez, las 50 empresas sacras, talladas y pintadas, que miden 85 cm de alto por 70 cm de ancho. (Ver el detalle de una de ellas en la fotografía)


Expresa el conjunto de estas tallas el pensamiento y las enseñanzas de la Compañía a sus discípulos. Se alternan con pinturas que muestran a los integrantes de la Compañía, como Santo Domingo de Guzmán, San Agustín de Hipona y San Pedro Claver, entre otros.


Por último, quiero hacer referencia al descubrimiento de la pintura mural del siglo XVII y XVIII, en el refectorio viejo y sin uso del convento de San Francisco, en el centro de la ciudad de Córdoba. El mural estaba tapado por una enorme pintura que bajamos en el año 1989 para documentar y restaurar. Bajo ella se encontraba la cartela preservada sin las sucesivas capas de cal con que había sido pintado todo el refectorio en diversas épocas. Todo el salón tenía pinturas murales que se fueron descubriendo a medida que avanzaron los planes de restauración bajo la dirección del mexicano Rodolfo Vallín. Los temas son variados: floreros, fruteras, guirnaldas, un zócalo que remeda azulejos, etc. La cartela que estaba tapada por la pintura al óleo que retiramos, tiene como remate una venera y un marco azul y verde. Dentro de ella se lee: «Noble San Francisco, que vivas llamas suena tu fama en altavoz, por serafín tan humillado sois señalado por el mismo Dios». (Ver fotografía)


Esta investigación ha salvado mucha obra, ha generado conciencia y, a partir de la creación de la fundación TAREA (en una fructífera alianza de esfuerzos entre la Academia Nacional de Bellas Artes y la Fundación Antorchas), se logró, a lo largo de diez años restaurar y conservar una significativa cantidad de pinturas de todo el país. También debemos señalar que, como consecuencia de nuestro detallado método de trabajo, se logró incorporar a la historia del arte del país artistas que eran desconocidos con anterioridad.


Pero creemos, como escribí en la introducción del libro de Santa Catalina (2000) que quizás la conclusión que más pueda sernos útil sea aquella que nos quite una parte del complejo de inferioridad por no tener un patrimonio comparable al de otros países de América.


Sin un espíritu ingenuo o de un nacionalismo fuera de lugar, y sin ánimo de crear una imagen falsa de lo que se produjo, de lo que hubo y hay en el país, podemos afirmar, y con ejemplos, que la Argentina posee un destacado patrimonio artístico que merece seguir siendo documentado, estudiado y preservado.


Nota:

1. Marta Penhos, Ver, conocer, dominar. Imágenes de Sudamérica a fines del siglo XVIII, Buenos Aires, Siglo veinte editores, 2005.


* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios


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